La reforma constitucional que se plantea y que han aprobado los partidos mayoritarios es un ejemplo más de cómo la economía se ha adueñado de la democracia y que en estos día se ve cada vez más claro. Varias razones para decir esto:
Los dos grandes partidos no son capaces de acordar un pacto por la Educación, Salud, reforma de la ley electoral o cualquier otro tema de interés para la ciudadanía en su conjunto, pero si se ponen de acuerdo en tiempo record para imponer una reforma exigida por los Mercados, esa entelequia que yo personalmente veo como un grupo de multimillonarios buscando dónde dar el siguiente golpe, al más puro estilo western.
Es una reforma que podría haberse detenido con la oposición de 35 diputados en el Congreso, pero no han aparecido tantos, como consecuencia primero de una ley electoral injusta que no representa el sentir ciudadano, y segundo por una forma de entender la política como servilismo. Servilismo al partido que te pone un poco más cerca del Consejo de Administración de alguna empresa.
Ninguno de esos dos grandes partidos llevaba tal reforma en su programa electoral, por lo que el “contrato” que se firma cada cuatro años, a la hora de presentarse a las urnas, se ha visto vulnerado. Algunos dirán que las circunstancias les han forzado a hacer esto. Yo les digo que hay otras formas de luchar contra los problemas económicos de nuestra sociedad.
Hablando de otras posibilidades, y para que nadie diga que no existen allí van unas ideas:
- Obama plantea la crisis con una inversión pública multimillonaria, cosa que tras la reforma constitucional será imposible de realizar en España.
- Una cláusula similar a la que se quiere imponer, ha estado a punto de mandar a la quiebra a Estados Unidos.
- Luchar contra el fraude fiscal es una tarea pendiente de España desde hace años, en que venimos ocupando el primer puesto de fraude en Europa.
- Las grandes fortunas tributan con las SICAV; los grandes puestos cobran en Bonus; las grandes empresas se van a paraísos fiscales, para acabar tributando menos porcentaje que el trabajador por cuenta ajena o el pequeño-mediano empresario, que sólo gana dinero con su trabajo.
- La batalla está en la creación de empleo, pero para esto no hay consenso.
Lo dicho, reforma constitucional a las bravas, con una oposición social secundada por más de 200 organizaciones, que estoy convencido no generará una relajación de los ataques especulativos al país, ya que el monstruo del capitalismo sigue creciendo a costa de los ciudadanos que lo alimentan. Ya es hora de buscar otro sistema económico que anteponga el bienestar de la mayoría al de la minoría, porque esta forma de funcionar está claro que no va bien.
Como primer paso, que los ciudadanos pongamos en su sitio a los políticos que no se han dado cuenta de ello.
23-F, hace 30 años sólo tenía 2 semanas.
23-F, hace 30 años mi abuelo da la noticia a mis padres, militantes del PCE y CC.OO., de que se está produciendo un golpe de estado.
23-F, hace 30 años mis padres comienzan a temer que algo malo va a pasar.
23-F, mi padre se plantea que lo mejor es que mi madre y yo nos escondamos en el pueblo.
Cada vez que se acerca esta fecha pienso en lo que pasaría por su cabeza en esos momentos. Pienso en el miedo, en la angustia, en esa noche sin dormir, en la impotencia. Impotencia por creer que los años de dictadura podían volver de un plumazo. Se podía esfumar la democracia por la que muchos dejaron su pellejo.
No cabe duda de que todo esto ha marcado y marca mi punto de vista sobre muchas cosas. Pensar en ello me agobia por cómo debieron sentirse, pero también me da fuerzas para plantarme. Para decir “NO” cada vez que alguien se atreve a justificar una pérdida de libertad, o no valorar la democracia en la que vivimos, en la que nadie tiene que dar un beso en la frente a su hijo sin saber si volverá a verle.
Por todo eso y más, hoy 23-F discuto contra cualquiera que extrañe al antiguo régimen.
Por todo eso y más, hoy 23-F no admito que se desprecie la democracia en la que vivimos, la cual recibe ataques de gente que no valora lo que tenemos.
Por todo eso y más, hoy 23-F sigo convencido de que defender la libertad y el progreso es necesario.
Por todo eso y más, hoy 23-F doy gracias a todas las personas que, como mis padres, lucharon porque la democracia se haya abierto paso en esta España que todavía tiene heridas abiertas que deben cerrarse cuanto antes para seguir mirando hacia delante.
Mucho se ha escrito la reforma laboral que ni es todo lo buena que unos dicen, ni es todo lo negativa que otros quieren hacer creer, ya que se han modulado ciertos aspectos que hubieran supuesto un panorama bastante peor.
A pesar de todos los comentarios y tertulias, poco se ha hecho. Las medidas que alargan la vida laboral por un lado, necesariamente dificultan la entrada en el mercado de trabajo por otro, el de los jóvenes. Los jóvenes, en los que la tasa de desempleo está por las nubes, tendrán más dificultades para entrar en un mercado en el que los que ya están tardarán dos años más en salir. Además, el retraso en el inicio de la cotización dificultará necesariamente la percepción de sus pensiones una vez llegue el momento.
A pesar de esta mala noticia para la juventud, no existen visos de protesta. Tengo claro que los jóvenes debemos empezar a plantearnos qué hacer para asumir nuestra responsabilidad en la vida social. No podemos seguir descargando en los demás la defensa de nuestros derechos. ¿Qué joven participa en política hoy en día? ¿Qué joven se afilia a un sindicato?
Alguno justificará que no lo hace porque no se identifica con ningún partido, a lo que yo le respondo que hay muchos, y que alguno habrá con más puntos en común que otros. Otro dirá que no está de acuerdo con la acción sindical, y yo le digo que participando es como se puede cambiar.
En ese cambio se encuentran los pilares de la juventud. Un cambio necesario, un cambio urgente, que debemos comenzar a exigir ya. Los jóvenes no podemos seguir viendo pasar los acontecimientos como meros espectadores. Debemos modificar la sociedad para que sea justa, para que no se olvide de nosotros, y para aportar a la misma todo lo bueno que hay en la juventud. Pero para ello, debemos posicionarnos y tener claro que el momento de las lamentaciones ha pasado. Es el momento de actuar y trabajar por nuestro futuro, que es el de la sociedad en su conjunto.
Comenzamos el 2011 con la resaca de un mal 2010 en el que a nivel internacional se han seguido agudizando las consecuencias de la crisis, pero donde comienza a verse una luz al final del tunel en algunas economías.
En España, en cambio, la resaca es más profunda. Se nota que el año pasado fue un año en que mezclamos de todo. Mezclamos reducción de los derechos sociales con ataques mediáticos a los sindicatos. Mezclamos ampliaciones de la edad de jubilación con jóvenes que no protestan. Mezclamos aumento de la precariedad, con gente que no va a las huelgas. Y lo peor, mezclamos políticas de derecha (neoliberales, neocon... o como quieran llamarlas) con votantes que piensan que el PSOE es de izquierdas.
Esto va a afectar muy negativamente a la recuperación del país, ya que estos votantes se dividen en los que siguen creyendo a pies juntillas que el PSOE aplica o aplicará políticas que mejoren las condiciones de los más desfavorecidos (lo cual sólo se explica con un estoicismo y abnegación digno de la religión más demandante de fé) y en los votantes que se han dado cuenta de que las políticas "socialistas" del P"S"OE son una farsa.
Estos, que cada vez son más, dividen su alternativa política en votar más de lo mismo...votar al PP, buscar una alternativa real de izquierdas (IU), o bien quedarse en la abstención, lo cual es una consecuencia más de la resaca que nos espera.
Y es que esta resaca va a comenzar a afectarnos a la cabeza en mayo, con las elecciones autonómicas y municipales, cuando el descalabro del PSOE deje a la abstención como el partido más votado, ya que Zapatero y sus seguidores fieles no sólo han conseguido cargarse el estado del bienestar, sino que además han allanado el camino para que la derecha vuelva y vuelva para quedarse, ya que muchos ex-votantes del PSOE han perdido la ilusión por los cambios que sólo pueden venir de fuerzas progresistas. Así, muchos se quedarán en su casa el día de las elecciones, mostrando a quien lo quiera ver que la democracia habrá sufrido un gran golpe.
En fín.... otra cosa que añadir al increible curriculum que Zapatero está adquiriendo en estos últimos años.
Yo tampoco espero al Papa, y no le espero por varios motivos que coinciden en mayor o menor intensidad con los argumentos de las organizaciones que forman parte de la plataforma "Yo no te espero". A parte de esta sintonía, me gustaría comentar un par de cosas que me han llamado la atención.
Por un lado, el argumento de la Conferencia Episcopal y de distintas asociaciones cristianas disculpando el dispendio económico que para las arcas públicas supondrá la visita de Ratzinger. Su disculpa se basa en que generará, según ellos, más dinero del que se gastará. Lo que a estos señores se les olvida es que el dinero con el que se paga es de todos, incluido yo, un ateo convencido, mientras que los beneficios irán al sector privado pero también a la propia conferencia, lo cual dejó claro el jefe de márketing de la Conferencia Espiscopal cuando comentó el merchandising preparado para la visita.
En este sentido, me parece perfecto la idea de negocio que en los últimos años ha rodeado a la Iglesia y que lo dejen claro con declaraciones como esta. También me parecería perfecto que, ya que es un negocio, lo monten ellos, lo paguen ellos y sean ellos los que obtengan toooooooooodos los beneficios que generarán. Repito... que lo paguen ellos.
Por otro lado, la postura de Rodríguez Zapatero es simplista y engañosa, aunque espero que no engañe a nadie. El Presidente decide no ir a la misa, y sus votantes, esos que siguen pensando que el PSOE sigue fiel a sus orígenes, tan contentos. ¡Vaya desplante! ¡Qué valor!. Pues mira no. El hecho de que no vaya a la misa es ridículo. Si quisiera haber despreciado al Papa, tendría que haber negado las prebendas otorgadas (esa famosa ley de libertad religiosa) y tendría que haber negado cualquier gasto superior al de cualquier jefe de estado. Y esto sin entrar a discutir sobre lo adecuado de llamar Estado al Vaticano.
En fín.... que ni le espero, ni espero que el PSOE se comporte como un partido de izquierdas. ¡Con la iglesia hemos topado!
Todavía no salgo de mi asombro cuando pienso en las palabras del periodista Sánchez-Dragó, en las que se jactaba de haber tenido sexo con dos niñas japonesas de 13 años. No salgo de mi asombro por comprobar que un personaje público puede decir esto sin la más mínima presencia de arrepentimiento, no salgo de mi asombro de que la televisión pública no le haya expulsado inmediatamente, no salgo de mi asombro de que la presidenta de la Comunidad de Madrid le defienda y no saldo de mi asombro de que este hombre siga apareciendo en tertulias y no se le haya hecho el más absoluto vacío y desprecio que un tipo así se merece.
El hecho de que una televisión pública sirva de altavoz a un delincuente sexual (aunque prescrito) es lamentable, al igual que las declaraciones justificando dicha actitud por parte de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.
Ninguno de ellos. Ni el periodista, ni la política que permite su cobijo en la televisión pública madrileña pueden excudarse en la prescripción de un delito que si bien por motivos legales no puede ser juzgado ya, al menos debería provocar la condena moral de la sociedad, y la expulsión inmediata de un organismo como Telemadrid, pagado con dinero público, así como el rechazo de su aparición en el resto de medios de comunicación.
Esperanza Aguirre ha llegado a justificar que la literatura está plagada de barbaridades parecidas, poniendo como ejemplo a varios escritores de renombre, sin darse cuenta de que la ficción de éstos es eso, ficción. Mientras, lo que el escritor protegido por ella misma ha escrito son sus propias acciones y que, aunque parezca ficción, no lo es.
Estos defensores de personajes de este calado son los que se atreven a juzgar a homosexuales o a mujeres que se plantean abortar, y no se atreven a decir nada a un elemento que se jacta de acostarse con niñas de 13 años. ¿Dónde está la iglesia católilca en este caso? ¿Dónde están los conservadores? Espero que la sociedad les ponga en su sitio, y que personajes como estos desaparezcan de la vida pública lo más rápido posible.
En plena crisis dentro de la Unión Europea, en la que la expulsión de gitanos rumanos por el gobierno francés no viene más que a confirmar que Europa trata de buscar un rumbo en lo económico pero que en lo social ya lo ha perdido, y en la que los representantes de los 27 han decidido reprender a la Comisaria que comparó la actuación del gobierno francés con la II Guerra Mundial.
Si no es así, como se que no será, los jefes de gobierno se retratarán a si mismos. No les importa lo más mínimo la situación de la minoría gitana ni de ninguna otra, no les importan los excesos de una Iglesia con una cúpula podrida de escándalos, no les importa que los países fuertes de la UE se salten a la torera las leyes que todos nos hemos marcado... Eso si, cuando se trata de poner contra las cuerdas a un pais en su control del déficit; trastocar la economía con bajadas del euribor a un 20% de su valor en dos meses, negar una tasa europea a las transacciones financieras y a los bancos... ahí la cosa si cambia. Ahí si que somos Europa.
Veo esta noticia (http://www.publico.es/culturas/335695/universidad/espanola/mejores/mundo) y no se... sólo se me ocurre, que a lo mejor, esto es un motivo más por el que España está como está. Me pregunto porqué no, en vez de preocuparse por reducir el sueldo a funcionarios, aumentar la edad de jubilación, abaratar el despido y TODAS LAS MEDIDAS QUE HAN PROVOCADO UNA HUELGA GENERAL, se podían poner las pilas en mejorar la competitividad de una economía que si no es en el conocimiento, en la tecnificación y en la especialización, no se me ocurre cómo podrá competir en el siglo XXI.
España tiene que despertar, y saber que no volveremos a la situación anterior a 2007. Además, tenemos que darnos cuenta de que no podremos volver a basar nuestro crecimiento en las plusvalías sin sentido que se han visto fomentadas por el ladrillo; ni en la mano de obra barata que no impulsó a crecer desde la década de los 90.
España, como el resto de Europa tiene que comenzar a exportar tecnología, ser puntera en investigación, definir nuevos modelos productivos y pensar en el futuro, en una economía sostenible de verdad y novedosa. Si para ello contamos con estas universidades, "apaga y vámonos".
Me pregunto esto cuando está a punto de comenzar el curso escolar que generalizará Bolonia en las universidades españolas, y como si de un flashback se tratara, me acuerdo cuando hace unos años, comenzaba el curso en el que el Plan Bolonia se discutía en el ambiente universitario.
Recuerdo cómo algunos partidos políticos hacían caso omiso a las advertencias de organizaciones sindicales, partidos de izquierda y agrupaciones de estudiantes que advertían de los riesgos que esta concepción de la universidad podía tener para el modelo que conocíamos, y de cómo su respuesta se limitaba a entender que los que nos posicionábamos en contra no sabíamos las posibilidades que este tratado iba a dar a la "nueva universidad".
Todavía tengo en mi cabeza el argumentario esgrimido por los que nos oponíamos a un cambio en el que la negociación se limitó a llamarlo así, ya que no existió tal:
- Mercantilización de la Universidad, confiriendo a esta una entidad de empresa, y tratando a los estudiantes como meros generadores de riqueza económica.
- Reducción de ciertas carreras que, por no ser rentables económicamente, no tenían sentido en esta nueva Universidad.
- Elitismo en los estudios, ante la dificultad que tendrían las clases trabajadoras de pagar un Master adecuado a sus hijos.
- Generalización en la obtención de grados (uniformidad por eliminación de carreras y aumento en el número de graduados), que implicaría aumentar la dificultad para encontrar un trabajo digno desde el bachillerato al de grado universitario.
- Problemas en la convalidación de títulos antiguos (coste, diferencias de actuación de acuerdo a la carrera, diferencias de criterio según la Comunidad Autónoma...)
- Imposibilidad de conseguir el cambio esperado en los modelos de educación sin plantear el reciclaje de profesores, la reducción de alumnos/profesor, la especialización de los mismos...
Tras pasar un tiempo en el olvido, y habiendo cambiado mi punto de vista de estudiante a persona ajena a la universidad, me alegra ver que teníamos razones para decir lo que decíamos, aunque me entristece saber que no sirvió de mucho, que la gente no se da cuenta de lo que se le ha venido encima, y de que no tenemos claro cómo saldremos de esta.
Para afirmar esto, he hablado con multitud de afectados que comentan la imposibilidad de obtener el grado con su diplomatura por el dinero que cuesta (hasta 6.000 euros/año, según me han dicho); la desinformación que existe entre los estudiantes; los problemas planteados a profesores que se les obliga a impartir más clases y más asignaturas sin tener muy claro cómo conseguirán ese "trato individualizado al alumno", y un sinfín de quejas que seguro afectaran al futuro universitario y del país, pero que los responsables se preocuparán de hacer como que no existen, y de eludir cualquier responsabildad en la puesta en marcha de esta chapuza que impedirá el acceso a la educación de calidad de muchos estudiantes.
El tema del patriotismo, la idea de pertenencia a una nación, y la defensa de la misma me produce siempre una sensación extraña, al no entender exactamente qué se siente con esa identificación de la persona con un territorio.
Después de discusiones y reflexiones con amigos, cada vez estoy más convencido de que en un mundo global como en el que nos encontramos, el patriotismo tiene cada vez menos sentido. Es complicado defender que tu país (o Comunidad Autónoma) es mejor que el resto, cuando esas afirmaciones se basan en el hecho de que tu eres de allí, ya que si hubieras nacido en otra defenderías lo mismo, con los mismos argumentos. Es por esto por lo que ahora, que conocemos otras zonas, que hay posibilidad de moverse entre países, que tenemos acceso a información de otras regiones y culturas, es complicado defender ese amor a la patria sin entrar en una contradicción, ya que de la misma forma que tu defiendes lo bueno que es lo tuyo, el de más allá defenderá lo suyo, de forma que en ningún caso pueda darse la razón a uno y a otro.
Me explico... el patriota español que se forra de la bandera bicolor con el argumento de que "España, es la mejor...", si hubiera nacido 200 km al oeste, defendería con el mismo ahínco a Portugal, y si lo hubera hecho 200 km al sur, Marruecos sería su elemento a defender. El problema viene cuando estos tres supuestos se reflejan en tres personas que son incapaces de buscar un punto de entendimiento ya que sus razones están basadas en los mismos argumentos. Mayor problema viene cuando alguno de estos tres no acepta la incongruencia del razonamiento y se molesta cuando el otro defiende lo mismo que él.
En fín, para mi es complicado ponerme en la piel de un patriota, y si a esa dificultad la añado un razonamiento así, me da que se me hace más cuesta arriba entenderlo.